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miércoles, agosto 09, 2006

Alzacia a la Lorena, que se le ve tan bien...

Nota de Redacción: Primero leer el artículo: "Cavernicolismo Ilustrado"



Hace exactamente siete años una amiga muy íntima, me dio un sabio consejo, que me hizo acordar a alguno de los enunciados de la mítica pieza arqueológica de un tal Moisés: "Nunca desees a la mujer del prójimo". Obviamente, minutos antes - más ejem, ejem- se había zurrado en dicha frase. Estas incongruencias de la vida son las mismas que le dan ese sabor picante a la misma.

Aquella noche, mientras trataba de conciliar el sueño, me quedé pensando en que NUNCA más iba a ocurrir un evento como este. “Bueno es el culantro pero no tanto”, pensé… “pero se le ve tan bien”

Los años pasan como automóviles en hora punta por la Javier Prado. La filosofía circular de la vida nos da a entender que, años después, uno se vería envuelto en una situación similar.

Lo que puede provocar un helado… Soy un chico tímido.

Alzacia y Lorena. Ubicadas geográficamente en el corazón de Europa. Dos territorios europeos en el límite entre la noble Francia y la arrebatada Alemania. Punto de conflicto durante más de 200 años entre ambas naciones y actual sede del Parlamento Europeo. Además… se ven tan bien…

En los libros de historia se puede notar que estos territorios han estado siempre en disputa por los países antes mencionados, debido a la cuantiosa cantidad de cobre que existe entre sus hermosas montañas. La Lorena tiene una cordillera… para qué te miento…

Tienen como ascendencia a los antiguos Burgundios, cuya capital era Dijon, a unos 300 km de la Ile de France. En el principio de la Edad Media, fue la muy abultada billetera de Carlomagno, que a su muerte dividió vasto imperio en tres partes: Francia al este, Lotharingia al centro y los Reinos Germánicos al oeste. A su hijo Lothario, su favorito, le dejó estas bondadosas tierras, pero a su muerte fueron rápidamente absorbidas por sus hermanos… casados con lorenas, que se veían muy bien.

Además, las afluencias italianas que tiene la Lorena, más que la Alzacia, que son germánicas, la hicieron un punto de concertación muy grande entre las naciones que querían comercializar con sus propietarios. La Gran Feria de Champagne, ubicada en la región del mismo nombre, a dos cuadras de la Ile de France, era como el Woodstock de los bienes… y de las muy buenísimas mozas.

Los medievales si sabían divertirse, para qué… pregúntenle a las lorenas, que se veían muy bien en ese entonces.

Como los franceses tienen la capacidad natural de que todo el mundo les quiere pegar para poseer a sus hermosas mujeres, los ingleses también les hicieron pelea por Normandía y Flanderes, territorios muy cercanos a la Alzacia y Lorena, que se ve tan bien. Como excusa, aquellos de la dentadura imperfecta, acusaron que querían hacerse propietarios exclusivos de la próxima a fundarse Liga Hanseática y tomar posesión de los territorios que, por cuestiones sanguíneas, les correspondía...

Para mí, que fue porque en Francia la vida es más sabrosa… Si no, que lo digan las lorenas, que se le ven tan bien.

Pasaron los siglos y entraron en un período de recesión militar. En otras palabras, ya no alcanzaba para la guerra.

Historia reciente es las peleas entre franceses y alemanes por esta región rica en “cobre”.

Pero, ¿por qué esta clase infundada de historia?

La semana pasada me encontré a la Lorena que me provocó aquella Alzacia. Verla ese día me hizo recordar que de esas lejanas tierras francesas, de donde vienen sus abuelos maternos, las chicas son como ella. Y que con los años, como sus vinos, sus quesos y sus Zinedines, se vuelven más ricas…y mandadas.

No había cambiado mucho. Por conversaciones anteriores me había enterado que últimamente andaba más borracha que Cuba. Por aquellas minas ya habían sacado mucho cobre, según datos de mi red privada de inteligencia… cuyos agentes ya habían hecho sus pininos mineros.

Heridas de guerra habían adornado su delgado cuello. Sus profundos ojos negros habían visto pasar infinidad de ejércitos por sus tierras, coronando sus cordilleras y explorando sus quebradas. Aún seguía peleada con la gravedad.

- Este gordo – dijo al verme. – Pareces Phillip Butters.

Tras un breve buceo memorístico, respondí:

- Y tus patas de gallo han crecido. Ahora parecen de tiranosaurio.

Su risa delicada seguía intacta.

Pero ni su mal ganada reputación le quita esto: A la Lorena se le sigue viendo muy bien… pero bien añeja.

Nos sentamos a comer un helado en un establecimiento cercano. Nos pusimos al día, obviando, sin quererlo, la parte sentimental. Tras un largo rato, comenzó a desempolvar viejas artimañas que yo, si hubiera estado en mis cabales, no hubiera dudado en aceptar. Pero mis ágiles mofletes utilizaban técnicas maradonianas para esquivar aquella excelente defensa francoperuana.

- Oye – me preguntó mientras terminaba de comer su cono de helado - ¿Qué te parece si vamos a…?

Sus ojos negros buscaron los míos, mientras tomaba mi mano entre las suyas. Aún estaban tersas y frías, como en aquella tarde.

Con el dolor de mi alma, al saberme perdidamente seguro de lo que iba a decir, tomando aires proféticos e invocando mis conocimientos de autocontrol, le acaricié la mejilla izquierda y con voz serena, mostrándole una foto que guardo en mi billetera, le dije:

- ¿No has escuchado hablar de un tal Moisés?

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